Ronquido y apnea del sueño

El ronquido es el ruido que se produce por el paso del aire en una zona de estrechez de la vía aérea superior y que hace vibrar los tejidos blandos provocando el molesto sonido. El 25% de los varones y un 14% en mujeres ronca. Casi la mitad de la población adulta ronca o a roncado en alguna ocasión.

El ronquido es un indicativo de que algo no funciona bien y es preciso hacer un seguimiento en previsión de un posible desarrollo obstructivo. El roncar implica necesariamente una anomalía anatómica y funcional de los mecanismos de la VAS que provoca que unas personas ronquen y otras no. En todos los casos, se trata de un grado mayor o menor de obstrucción respiratoria con consecuencias de asfixia crónica.

                                                         

¿Qué es la apnea del sueño?

Tras el ronquido se esconde habitualmente un problema encubierto mayor que se denomina el síndrome de apnea del sueño. Es el trastorno nocturno más frecuente junto con el insomnio, con una prevalencia del 2-4% de la población adulta, aumentando manifiestamente con la edad. Se estima que en España existen entre 1.250.000 y 2.500.000 pacientes afectados por esta patología, sin embargo, sólo se ha diagnosticado y tratado al 5-9% de los casos.

Los enfermos sufren el cese intermitente de la respiración durante el sueño como consecuencia del cierre de la vía respiratoria superior. Estos pacientes son grandes roncadores y alternan ciclos de sonoros ronquidos con silencios de más de 10 segundos de duración. Los pacientes dejan de respirar repetidamente mientras duermen hasta cien veces en una sola noche. Estos silencios corresponden a las apneas, episodios en los que los pacientes dejan de respirar hasta que reanudan la respiración con un esfuerzo respiratorio brusco en forma de ronquido estrepitoso que les provoca un microdespertar inconsciente. Toda esta actividad nocturna pasa inadvertida para el propio paciente y son los cónyuges o compañeros de cama los que deben alertar sobre este cuadro sintomático. Estos episodios de asfixia provocan una caída del nivel de oxígeno en sangre (hipoxia), y una fragmentación del patrón del sueño causada por los sucesivos microdespertares inconscientes que provocan la excesiva somnolencia (cansancio crónico) de la que se quejan estos pacientes durante el día. Esta deficiencia de oxígeno genera una serie de graves consecuencias para la salud como la hipertensión arterial, infarto agudo de miocardio, insuficiencia cardiaca…

Las consecuencias fisiopatológicas del síndrome incluyen trastornos neuropsiquiátricos, metabólicos, y cardiorespiratorios. La hipersomnolencia, la pérdida de memoria, y las alteraciones en el estado de ánimo afectan a la vida personal, laboral y social del enfermo, sin olvidar el riesgo de padecer un accidente laboral o de tráfico al ser más vulnerable de quedarse dormido mientras se conduce un vehículo. Este cuadro clínico compromete significativamente la calidad de vida de los pacientes sin tratamiento y convierte a la apnea en un problema de salud de primera magnitud. El diagnóstico de apnea es muy sencillo y se realiza a través de una inocua prueba de sueño que determinará la gravedad de la enfermedad para determinar los tratamientos más adecuados. La prótesis de avance mandibular es una eficaz solución para el tratamiento de la apnea que consiste en una cómoda férula hecha a medida que se coloca el paciente mientras duerme y que solucionan de una manera sencilla y eficaz el problema ya que los síntomas remiten desde el primer día que se usa recuperando el sueño reparador y la calidad de vida.

Si reconoce estos síntomas y sospecha que su pareja o familiar pudiera sufrir apnea del sueño póngase inmediatamente en contacto con su médico para que le realicen un estudio de sueño y visite su odontólogo.


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